Dolor y sedación

Dolor y sedación

Al hablar de la percepción del dolor y/o el tratamiento del mismo, pensamos que es una cuestión de adultos. Creemos que los niños nacen, crecen y viven de forma natural y, por tanto, no sufren ni van a sufrir el dolor hasta la edad adulta. Nada más lejos de la realidad.

Si evaluamos la aparición del dolor en los niños, resulta sorprendente la enorme incidencia de dolor en la infancia. Ya es doloroso el momento del parto: el primer viaje de la vida, uno de los más cortos, apenas 15-20 cm de un estrecho conducto, lleno de dificultades y problemas, pensado para un diseño a cuatro patas y una pelvis más amplia, como la de otros mamíferos.

En la especie humana los empujones del útero exprimen los pulmones de secreciones para hacerlos aptos para la respiración, pero también generan una presión, tracción y torsión que sin duda producen dolor y, probablemente, claustrofobia.

El proceso de crecimiento, el estiramiento de los huesos, el afloramiento de la dentadura, primero temporal y luego permanente en el primer año de vida y a lo largo de la infancia y adolescencia, es otra fuente de dolor severo. Las infecciones respiratorias, amigdalitis, otitis…Los mil y un traumatismos derivados de los juegos y de la inmadurez del equilibrio y del sentido común, son también una fuente de dolor. Incluso de dolor crónico, contemplado como aquél de más de tres meses de evolución.

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